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Crítica al Urbanismo Racionalista
El urbanismo racionalista ha sido objeto de numerosas críticas. Algunas de estas ideas más que críticas son propuestas diferentes, pues sus ideólogos son anteriores al movimiento racionalista. Algunas de estas corrientes son las siguientes:
El urbanismo de la continuidad
Sus principales representantes son el escocés Patrick Geddes y el norteamericano Lewis Mumford. Ambos comparten la idea de continuidad: la ciudad es un organismo vivo, cuya ampliación debe hacerse teniendo en cuenta su evolución pasada y las circunstancias que han llevado a su configuración actual. Antes de hacer un plan hay que recabar información histórica y sociológica de la ciudad. A continuación, para hacer el planeamiento, el autor combina los datos objetivos con su propia percepción del hecho urbano con el que se enfrenta.
Este sistema choca frontalmente con el racionalismo, que postula un hombre-tipo universal válido para todas las circunstancias. Frente a ello, los continuistas proponen un diseño acorde a las condiciones físicas y sociológicas de la ciudad.
Mumford critica también la zonificación racionalista. La mezcla de usos conseguiría una disminución de desplazamientos, evitaría los procesos de ocupación-llenado de las distintas partes de la ciudad y conseguiría una heterogeneidad, dando lugar a una ciudad más integrada y viva. Los espacios libres racionalistas son, según Mumford, demasiado grandes e inarticulados, fuera de la escala humana. Frente a ello propone espacios vivos, más pequeños, donde el ciudadano esté más cómodo.
Mumford también se preocupa de las ciudades en el marco territorial. Propugna, siguiendo a Howard, una limitación de tamaño y un aumento del número.
La crítica sociológica
Surge en los 60, cuando el racionalismo había llegado a su madurez. Se apoya en estudios sociológicos que señalan que una vivienda higiénica y una distribución racional del espacio urbano son incapaces por si mismas de asegurar a sus habitantes el sentimiento de seguridad y de libertad, la riqueza en la elección de actividades, la impresión de vida y el elemento de distracción y variedad que son necesarios para la salud mental y que repercuten sobre a salud física. La integración del comportamiento humano al medio exige un cierto clima, un ambiente que el racionalismo no había tenido en cuenta en sus propuestas.
Dentro de esta corriente destaca la socióloga norteamericana Jane Jacobs, que en su libro Muerte y vida de las grandes ciudades propone unos nuevos principios para el diseño de la ciudad que son la síntesis de toda la crítica sociológica; algunos de ellos ya habían sido planteados por otros humanistas como Mumford.
a) La zonificación y estandarización racionalista dan lugar a monotonía y astenia. Monotonía física y social, cada lugar va a estar ocupado por el mismo tipo de personas, perdiéndose la posibilidad de contactos múltiples y casuales propios de la ciudad tradicional. Frente a la zonificación propone mezcla de usos y frente a la estandarización, variedad de formas y espacios.
b) Los grandes espacios libres racionalistas, que pretenden introducir el campo en la ciudad, son criticados en la misma línea que los culturalistas, pero ampliando argumentos. En primer lugar, en ellos hay falta de seguridad; la seguridad se consigue con la presencia de de numerosas personas que se vigilan unas a otras, lo que no sucede en espacios tan grandes. En segundo, el hombre se siente en ellos fuera de escala, no lo percibe como una parte de la ciudad; pero tampoco tiene las condiciones del campo, son un híbrido que no aporta nada. Por último, al ser grandes no están bien conservados y la gente no acude. Los espacios urbanos que gustan al ciudadano son pequeños, bien conservados y concurridos. Esta reducción trae una disminución de altura en los edificios para la misma densidad.
c) La calle tradicional se pierde en la ciudad racionalista. Jacobs la reivindica como un elemento fundamental de la convivencia, es un lugar común a toda la población intermedio entre la privacidad de la vivienda y el carácter público de otros centros especializados como cines, centros sociales, etc. Estas relaciones son diferentes a las de los grandes edificios racionalistas y mucho menos enriquecedoras. Por eso hay que volver a la manzana cerrada, creadora de la manzana tradicional.
Estas medidas –mezcla de usos, variedad de edificaciones, reducción de espacios libres, formación de calles- están siendo introducidas en muchas actuaciones recientes. Su aplicación tiene el límite que marcan las necesidades del tráfico. Ahora también se procura entender el carácter particular de cada ciudad: su historia, su tradición y su modo de vida propio. Las ideas de los ciudadanos se tienen en cuenta en la medida de lo posible a través del proceso de información pública a las que se someten los planeamientos antes de su aprobación.
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La ciudad Jardín
El iniciador de las ciudades jardín fue el inglés Ebenezer Howard. Para Howard el problema fundamental de la ciudad es la propiedad privada del suelo, que induce a los propietarios a una explotación intensiva, agravándose los problemas de densidad y tráfico. Si se eliminara la especulación, desaparecerían los excesos y la ciudad podría hacerse de acuerdo a los principios del bien común.
A partir de esta idea Howard desarrolla las bases de su ciudad ideal. Debe tener una población limitada de alrededor de 50.000 ha ., permitiendo la existencia de un solo centro. Alrededor de este centro se distribuirían las viviendas, preferentemente unifamiliares con jardín, todo ello apoyado en una red viaria de amplias dimensiones. La ciudad se rodeará de un cinturón verde, que señalará sus límites, a la vez que servirá de asiento para las actividades agrícolas.
La concepción de Howard va más allá de la propia ciudad y se extiende al ámbito regional. Propone la ciudad-racimo, conjunto de ciudades jardín relacionado con una ciudad central de mayor tamaño mediante un transporte rápido de forma que la población pueda disfrutar al mismo tiempo de las ventajas de una ciudad pequeña y de los servicios que solo ofrece una gran ciudad.
Para evitar la especulación, Howard propone que los terrenos sean de una sociedad; las viviendas, sin embargo, serían de propiedad particular. También se preocupa de la autosuficiencia de la ciudad, que ha de quedar garantizada mediante una oferta de puestos de trabajo, con el fin de que la ciudad no se convierta en una ciudad-dormitorio.
Las ideas de Howard fueron llevadas a cabo en Letchwood y Welwyn, en los alrededores de Londres. Las aportaciones de Howard al urbanismo han sido importantes y ha fructificado en numerosas realizaciones, bien en barrios o bien en ciudades como las “new town” inglesas, que aunque no respondan al planteamiento inicial de Howard son una alternativa válida al diseño racionalista.
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Urbanismo culturalista
Dentro de esta denominación se recogen una serie de corrientes que aparecen en el pensamiento urbanístico de finales del siglo XIX, con planteamientos radicalmente distintos a los que van a dar el urbanismo racionalista. La idea básica de esta corriente es que la cultura debe estar por encima del progreso. Frente a la ciudad post-liberal, concebida como una máquina al servicio de la producción, la ciudad culturalista es una ciudad orgánica donde el hombre puede desarrollarse en toda su variedad y plenitud.
Dentro de todas las líneas culturalistas hay dos ideas comunes que se enfrentan al racionalismo:
a) La ciudad debe tener unos límites: no es posible que la satisfactoria en una ciudad de crecimiento ilimitado.
b) Distinción entre lo urbano y lo rural: la ciudad tiene valores propios que deben mantenerse. El paisaje urbano y su escala deben estar muy cuidados para que las sensaciones sean positivas. Si la ciudad no es muy grande el campo estará cerca y será accesible, pero será algo diferente a la ciudad.
El precursor del movimiento culturalista fue el arquitecto austriaco Camillo Sitte. Para Sitte, la ciudad post-liberal es monótona, de excesiva regularidad y espacios inarticulados. Para evitarlo propone una vuelta a la ciudad antigua, creando espacios a escala humana, proponiendo para ello el uso de la plaza medieval.
Las ideas de Sitte son fundamentalmente estéticas y pugnan directamente con el concepto de ciudad como hecho económico. A pesar de ello, sus ideas suponen un toque de atención. Sus ideas, bien mezcladas con el resto de funciones de la ciudad, no deberían olvidarse en la creación urbana.
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siglo XX
Urbanismo Racionalista
La crítica a la ciudad existente a la luz de los cambios sociales y técnicos va a dar lugar a una nueva concepción urbana denominada racionalismo. Este tipo de urbanismo nació en los años 30 ha predominado de forma general hasta nuestros días. No obstante, en la década de los 70 se proponen cambios que han sido aceptados en parte y que han modificado algunas de las nuevas realizaciones.
El urbanismo del s. XX, a excepción de las reconstrucciones de las ciudades destruidas en las guerras mundiales, es periférico. El centro tradicional no es una preocupación primordial y no se modifica, no es posible cambiarlo. Se deja como está y se construyen otros centros en la periferia de acuerdo con los nuevos cánones. A pesar de las críticas racionalistas a los ensanches no se modifican, porque es demasiado costoso rehacer una ciudad que funciona, aunque sea de un modo imperfecto. Así pues solo se construye una parte de la ciudad. La única ciudad que se hace entera bajo principios racionalistas es Brasilia, de nueva construcción.
Las realizaciones racionalistas no se conciben como algo separado de la ciudad actual como hacían los utopistas. Los racionalistas intentan que el conjunto, lo antiguo y lo nuevo, pueda funcionar como un todo.
Los principios por los que se rige el racionalismo son:
a) En cuanto a la forma: se tiende a las formas simples, siempre buscando la funcionalidad. Las nuevas construcciones son de líneas rectas, sin ningún adorno, dando una nueva fisonomía a la arquitectura.
b) En cuanto al objeto: el objetivo del urbanismo racionalista es satisfacer las necesidades de un hombre-tipo. Dichas necesidades son vivienda, ocio, trabajo y circulación. Las tres primeras son las básicas, siendo la cuarta la relación entre ellas.
c) En cuanto al método: la ciudad se construye jerárquicamente, desde los elementos más primarios hasta llegar a la ciudad completa. El núcleo fundamental del individuo lo constituye la vivienda, por lo que se le dedica una atención especial a los requisitos fundamentales que ha de cumplir: aireación, soleamiento y un espacio mínimo que garantice la intimidad.
c) Especialización: cada función debe realizarse en una zona especializada, ya que exige espacios de diferente forma y características. La vivienda debe estar separada de las zonas de ocio y trabajo y la circulación debe estar separada de las otras actividades. Estos dos principios, especialización funcional separación de la circulación de automóviles, constituyen los ejes de la organización de la ciudad racionalista.
De acuerdo con estos principios, la crítica de la ciudad existente se centra en los siguientes aspectos:
a) La mezcla de funciones: las actividades de vivienda, trabajo y recreo están esparcidas y mezcladas por toda la ciudad, originando conflictos entre ellas.
b) La construcción en manzana cerrada: este modelo de construcción determina la aparición de viviendas interiores, insalubres e incómodas. Por eso se propone la edificación abierta, en bloques aislados que permitan hacer exteriores todas las habitaciones. Además, la construcción en manzana obliga a mantener una continuidad con una altura similar y una distribución de huecos determinada. Si los edificios son independientes unos de otros se aumenta la libertad de diseño.
c) La calle corredor: se denomina así a la calle tradicional, bordeada de modo continuo por las fachadas de los edificios. Cuando el tráfico aumenta estas calles se ven desbordadas produciéndose además una indeseada mezcla de funciones. Los ruidos y la contaminación disminuyen la calidad de vida de estos lugares. Para evitarlo se propone una separación de los diferentes tipos de circulación.
A partir de 1928 los arquitectos y urbanistas racionalistas se aglutinan en un movimiento internacional y realizan una serie de reuniones llamadas Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM). En estos congresos se fue dando forma al conjunto de ideas aportadas. En 1941 Le Corbusier publicó la Carta de Atenas, documento de 95 puntos que puede considerarse la posición común de este movimiento. Su contenido puede sintetizarse del siguiente modo:
a) Crítica a la ciudad existente: coincide con lo expuesto anteriormente. A ello se le añade una explicación de la causa que ha producido tal situación: el predominio del interés privado sobre el colectivo.
b) Objetivo del urbanismo: su objetivo es crear un espacio para hombres libres: la ciudad. Sin embargo, el hombre no alcanza sus fines de forma aislada, sino integrado en diversos grupos con sus objetivos diversos. El urbanismo debe permitir el ejercicio de esta acción colectiva.
c) Bases del planeamiento: define las funciones básicas y su zonificación y la vivienda como núcleo fundamental de la ciudad. El tiempo de desplazamiento debe ser el mínimo posible, por lo cual la ciudad debe ser densa. Las edificaciones deben ser altas para que la gran densidad sea compatible con la existencia de zonas verdes.
d) Circulación: deben establecerse canales separados para peatones, coches y transportes colectivos.
a) Planeamiento regional: la ciudad no constituye un hecho aislado, forma parte de un ámbito mayor (comarca, región) con el que existen relaciones mutuas. Los planeamientos deben tener en cuenta esas relaciones y preveer los efectos de las realizaciones parciales.
b) Programación: Se entiende por programación la previsión de costes y plazos en que han de realizarse las actuaciones de un plan. La programación obliga por igual a particulares y a la Administración a garantizar un crecimiento equilibrado.
Bajo estas premisas, las características de la ciudad racionalista son:
Estructura general
Debe tenderse a la alta densidad con objeto de reducir las distancias y a una pequeña ocupación del suelo para dejar grandes espacios libres. Para conseguirlo Le Corbusier planteó la “unidad de habitación”, edificio de gran altura que acoge una población de 1.400 ha ., ocupando menor superficie y abaratando los costes. El aspecto de una ciudad de este tipo es de campo con edificios altos dispersos, apreciándose la estricta separación entre vehículos y peatones.
Vivienda
Las características de la vivienda –sol, ventilación, espacio mínimo- son cumplidas por la unidad de habitación. Dichas unidades deben soportar servicios mínimos: guardería, pequeños comercios, jardín, etc. Esta unidad de habitación se construye en edificios altos y con habitaciones exteriores, dando lugar a al bloque laminar. Pronto se observó que tanta uniformidad era incompatible con la heterogeneidad de caracteres de la población, por lo que las propuestas se flexibilizaron y aparecieron las unidades de habitación mixtas, donde se mezclaban edificios singulares altos con otros de media altura e incluso viviendas unifamiliares.
El siguiente escalón en la estructura de la ciudad lo constituye la unidad vecinal, unión de varias unidades de habitación (generalmente 4). A este nivel corresponden ya otros servicios tales como una iglesia, cine, oficinas y escuelas.
El barrio se compone de cuatro unidades vecinales. Sus servicios ya crecen: institutos, centros comerciales, centro cultural, etc. La integración de varios barrios da lugar a una ciudad o a un sector de ella.
Zonificación
La residencia se completa con las zonas de trabajo y de ocio y los canales de circulación. Las zonas de trabajo pueden ser a su vez industriales y terciarias. Las zonas industriales se sitúan agrupadas y alejadas de las zonas residenciales para reducir sus efectos negativos. Las zonas terciarias se ubican entre las unidades vecinales de forma que se minimicen los recorridos entre ellas.
En cuanto a las zonas de ocio, se proponía la jerarquización en función de la frecuencia de su uso: de uso diario y de uso semanal. Las primeras –jardines, parques, polideportivos- deben estar integradas con el tejido residencial, para acortar los desplazamientos. Las zonas de uso semanal –caza, pesca, parque de atracciones, etc.- estarían a distancias superiores y al servicio de varias ciudades.
Pronto se vio que este esquema era tan rígido que era de difícil aplicación. Al estar todo totalmente zonificado se crea despoblación a ciertas horas del día: los centros de trabajo, creando inseguridad ante la ausencia de gente en horas no laborables, y los centros residenciales, con sus ciclos diarios de llenado-vaciado. Además, al estar todo separado, aumenta la longitud de los desplazamientos. Por ello la mayoría de los centros terciarios construidos son mixtos.
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Características del Urbanismo en el s.XX: cambio técnico y social
A finales del s. XIX y comienzos del s. XX se van a dar una serie de fenómenos sociales que van a modificar las ciudades y su forma de crecimiento. Estos fenómenos son:
a) Crecimiento demográfico: el crecimiento de la población es constante desde la Revolución Industrial, pero llega un momento que la ciudad es tan grande (en torno a 500.000 ha .) que tiene que cambiar el modelo radiocéntrico y crear otros puntos focales.
b) Aumento del nivel de vida: el desarrollo económico llega a un colectivo cada vez mayor el cual exige (y está dispuesto a pagar) viviendas de más calidad, con más espacio y mejor ventiladas. Hay que intensificar el proceso de construcción de nuevas casas para la población creciente y para esa población que quiere una vivienda mejor.
c) Las necesidades de reconstrucción: en la primera mitad del s. XX hubo dos guerras mundiales que devastaron muchas ciudades. En estas ciudades, donde a la reconstrucción había que sumarle la demanda ordinaria, fue donde se ensayaron nuevas formas arquitectónicas y urbanas.
d) El automóvil: este invento tiene dos facetas, un avance tecnológico que va a permitir hacer la ciudad de otro modo y un nuevo problema para la ciudad, la congestión. Ni las calles de los ensanches ni los centros urbanos (muchos de ellos medievales) estaban diseñados para soportar el tráfico creciente. La ciudad, con un modelo radiocéntrico, tampoco está diseñada para el tráfico, que hacía más presión sobre las zonas centrales. El problema del tráfico aún no ha sido solucionado.
e) Preocupación higiénica: aunque esta preocupación es del siglo anterior, en este momento adquiere otro relieve con la necesidad de sol, de aire y de espacio en los nuevos diseños.
Los avances tecnológicos que van a permitir cambiar los planeamientos urbanísticos y arquitectónicos del s. XX son:
a) La aparición de nuevos elementos constructivos: la aparición del hormigón y del acero van a permitir aumentar el número de plantas de los edificios. Los espacios se agrandan, las plantas son dianas, pues los pilares empiezan a soportar las cargas que aguantaban los muros. Las fachadas, al no ser muros portantes, cambian su diseño. En estos nuevos edificios se hace imprescindible el uso del ascensor, que conlleva una unificación de la accesibilidad de las viviendas hace que se iguale su valor o que incluso las superiores sean más caras (en épocas anteriores los pisos bajos eran los más caros). También aparece la calefacción central. Las mejoras en impermeabilización hacen innecesario el tejado tradicional. Todos estos cambios van a permitir la aparición de un nuevo tipo de construcciones, los edificios racionalistas.
b) La fabricación en serie: avances industriales y los nuevos materiales permiten la disminución de costes, atendiendo a una demanda superior. Este proceso de fabricación permite el uso de formas simples reiteradamente.
c) Los nuevos medios de transporte: ya se ha visto cómo el automóvil modifica las exigencias del diseño urbano, pero también aporta indudables ventajas: el aumento de la velocidad de desplazamiento va a permitir el aumento del radio de la ciudad y conseguir, si se desea, menores densidades. Se produce el fenómeno de dispersión urbana. Los transportes colectivos también mejoran (desaparece la tracción animal con la aparición de los motores eléctricos y de combustión interna), haciendo posible que la totalidad de la población tenga movilidad.
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siglo XX
Madrid, post-liberal
· 1864: ensanche de Madrid. Se diseñó con reminiscencias barrocas, con grandes ejes en tridente. Las calles ppales. tienen 30 m y las secundarias 15 m de ancho. Se construyen manzanas cuadradas de 100 m de lado con grandes patios interiores que después son ocupados por infraviviendas. Diseñado con espacios verdes, se van quitando. El ensanche de Barcelona se diseña con las calles más anchas y las esquinas achaflanadas. Cerdá diseñó las manzanas de manera que no fuesen iguales para evitar la monotonía, pero no era económicamente rentable.
· Ciudades jardín: aparecen como crítica a las ciudades existentes; son unos elementos atípicos dentro de las ciudades. A más importante es la Ciudad Lineal, aunque lo más habitual fueron viviendas obreras: colonia Retiro, colonia Iturbe (Hermosilla), colonia Unión Fenosa, etc. Son chalecitos.
· Ciudad Lineal: caso excepcional de ciudad jardín, Arturo Soria la planeó como una circunvalación a 7 km de Madrid desde Carabanchel hasta Fuencarral. La gente no le vendía los terrenos y al final se quedó en lo que hoy conocemos por la calle Arturo Soria. La estructura era la de un eje principal con manzanas adosadas a ambos lados y separadas por calles ortogonales al eje. Dichas manzanas estaban divididas en parcelas de 400 m2 con posibilidad de edificar 80 m2 y dos plantas. Al estar lejos de Madrid, la gente usaba estas casas para veranear.
· Cambio de viviendas: las que no degradan se tiran para construir viviendas nuevas de condiciones parecidas a las del ensanche.
· Aparecen una serie de edificios que estarán en compás con el ciclo económico alcista (1870-1898) hasta la caída de las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
- Banco de España
- Palacios de Linares
- Palacios de Buenavista (s. XIX)
- Palacio de Comunicaciones (1917)
- Bolsa de Madrid (Plaza de la Lealtad)
- Hotel Ritz
- Hotel Palace
- Ministerio de Fomento (hoy Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino).
· Apertura de nuevas calles.
- Calle Bailén: se construye un viaducto en 1875 para unirla con la zona de S. Francisco el Grande.
- Calle de Sevilla.
- Gran Vía: se realiza al amparo de la Ley de Saneamiento de 1895, que permite la expropiación. La Gran Vía se construye en 1911 y, en 3 tramos:
Alcalá – Red de San Luis (1911-1915) (25m de ancho);
Red de San Luis – Callao (1917-1924) (30m de ancho); y Callao – Plaza de España (1927 – 1950), racionalista.
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Revolución Industrial
La ciudad post-liberal en España
El s. XIX español es un siglo de horrores desde el punto de vista político. Se acumula el retraso de España con respecto al resto de Europa.
· Carlos IV (1788-1808)
· José I (1808-1814) fue un buen rey.
· Fernando VII (1814-1833). Establece el absolutismo cuando ya no existía en el resto de Europa.
- Trienio constitucional 1820-1823): el General Riego se levanta contra el régimen de Fernando VII
· Isabel II (1833-1868): hija de Fernando VII nacida en 1830. Su reinado comenzó con la guerra carlista (Felipe V había establecido la Ley Sálica, por lo cual las mujeres no podían reinar. Carlos, hermano de Fernando VI lucha por el trono). Se convierte en una lucha entre liberales (Isabel II) y clericales (Carlos “VI”). La guerra dura de 1833 a 1839 (termina con el abrazo de Vergara). En 1843 echan a la regente (su madre) y hacen reina efectiva a Isabel II. En 1846 se caso con su primo, Francisco de Asís.
· En 1868 se produce una revolución por parte de los generales Prim y Serrano. Eligen a Amadeo de Saboya (1871-1873) como rey de España. En 1873 se marcha repentinamente porque no puede aguantar más.
· I República (febrero 1873 – enero 1874): 4 presidentes: Figueras, Pi i Margall, Castelar y Salmerón. Cuando estaban eligiendo al quinto presidente el general Pavía da un golpe de estado (1875). Sube al trono Alfonso XII.
· En 1886, antes de que naciera su heredero, muere Alfonso XII. A los meses de morir nace su hijo Alfonso XIII. En esta época (Restauración) funciona en España un sistema de gobierno bipartidista por turnos (Cánovas del Castillo y Sagasta).
· Alfonso XIII reina hasta 1931, que se proclama la II República.
Esta es una época muy convulsa con guerras (carlistas, cantonales y las dos de Cuba) y agitación política constante, lo que impide a España avanzar al ritmo del resto de países europeos. Debido al retraso de España, no aparece la ciudad liberal de la manera que hemos visto.
La ciudad pos-liberal aparece a partir de 1860 (Isabel II) y se desarrolla durante la Restauración (Alfonso XII y Alfonso XIII).
¨ Ciudad post-liberal en España
Gracias a la intervención del Estado, aparecen las primeras normativas (y los primeros planeamientos urbanos. En 1864 aparece la 1ª norma urbanística española, la Ley General de Ensanches, que permiten aparecer los primeros planeamientos con los ensanches de Madrid (Ramón Castro) y Barcelona (Ildefonso Cerdá). El de Barcelona es mejor que el de Madrid porque Cerdá era mejor urbanista que Castro y porque en Barcelona había más dinero que en Madrid. En 1895 se promulga la Ley de Saneamiento de Poblaciones, que permite la expropiación de casas (gracias a ella se construye la Gran Vía).
Entre 1870 y 1900 la ciudad tiene 4 formas de crecer:
Ø Ensanches: alrededor de los centros medievales de las ciudades se adosan ensanches ortogonales.
Ø Modificación del centro.
Ø Periferia: la gente que no podía pagarse una vivienda construyen infraviviendas a lo largo de las carreteras de salida de las ciudades. Estos barrios escapan de la legislación urbana y cada persona construye como quiere. En Madrid aparecen de esta forma los barrios de Tetuán (a lo largo de Bravo Murillo), Chamartín, Vallecas y Villaverde.
Ø Ciudades jardín.
Ensanches
Operaciones urbanísticas realizas en la periferia de las ciudades. Son barrios regulares (ortogonales). Se permite que construyan empresas privadas según una ordenanza, pero sin calendario (por ej.: el barrio de Salamanca se empezó en 1860 y se terminó en 1940), lo que supone un gran error. Dentro de una cierta homogeneidad existe una cierta zonificación (zonas para clase alta, media y baja); una característica fundamental es la mezcla de clases sociales. Con la aparición del ascensor se modifican los precios de las viviendas: antes las plantas bajas tenían más valor, ahora el precio se unifica o incluso las plantas altas se revalorizan.
El problema de los ensanches es que gran parte de la población no podía pagar las altas rentas de alquiler. Estas personas se alojan en el centro, ya que gracias a la degradación del mismo, los precios disminuyen significativamente (las casas se subdividen). Esta demanda insolvente (junto a la falta de planificación) provoca un retraso en la construcción del ensanche, las casas no se vendían.
¨ Madrid
Ø José I
Derribó una cantidad importante de edificios e iglesias deterioradas del centro de la ciudad para descongestionarla y prohibió los enterramientos en el casco urbano. Se liberan muchos espacios en el centro y se crean cementerios en la periferia.
· Derribos: Plaza de Oriente, Plaza de Ramales (Iglesia de S. Juan), Plaza de Santa Ana. No le dio tiempo a construir porque su reinado terminó repentinamente.
Ø Fernando VII
· Puerta de Toledo (1830).
· Reconstrucción del Retiro (las tropas francesas dejaron el Retiro como un solar al acampar durante las guerra de la Independencia).
· Construyó cementerios en la periferia: S. Nicolás y S. Sebastián, del Norte y de S. Luis, S. Isidro y S. Justo. Los dos primeros no existen porque se utilizaron para el ensanche.
Ø Isabel II:
En 1835, Juan Álvarez de Mendizábal (masón) establece la desamortización. Los bienes enormes que estaban en manos de la Iglesia y que no pagaban rentas son expropiados, sin afán anticlerical, simplemente económico. Estos bienes son subastados. Hay dos desamortizaciones: 1835 (afecta a propiedades urbanas, conventos –sobre todo de frailes-) y 1855 (por Madoz, afecta a propiedades rústicas). Fue un desastre desde el punto de vista económico y humano. En cambio urbanísticamente supone una riqueza enorme. Nunca afectó a las iglesias.
En los espacios vacíos que quedan en Madrid tras la desamortización se hacen plazas (ej. Tirso de Molina), casas (ej. casas del Cordero), Hospital del Buen Suceso (antiguo hotel París, Pta. Del Sol), convento de los Agustinos Recoletos (palacio Marqués de Salamanca), convento del Espíritu Santo (Cortes).
Como ciudad liberal, en Madrid se construye:
· Dotación de servicios públicos: alumbrado público por gas (1830), agua corriente (1858), transporte colectivo.
· Puerta del Sol tal como la conocemos ahora.
· Jardín del Buen Retiro: Isabel II vende la parte situada entre el paseo del Prado y lo que hoy es la calle Alfonso XII para ganar dinero para sus gastos. Tras acérrimas críticas, solo se queda con el 25% de la venta para ella.
· Edificios: Teatro Real, Biblioteca Nacional, Palacio del Marqués de Salamanca.
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La ciudad post-liberal
Para hacer frente a estos cambios la ciudad tiene que cambiar. El centro, que no se había modificado desde la Edad Media, se ve impotente para absorber el incremento de población, por lo que se produce una modificación de su fisonomía y la creación de la periferia. Los nuevos cambios suponen:
ð Ampliación del viario: supone una ruptura de la estructura existente.
ð Relación de servicios públicos: aparece el alcantarillado, el gas, la electricidad (1880), metro, tranvía (1840-mulas, 1870-eléctricos), abastecimiento de agua.
ð Parques y jardines: con fines higiénicos y de mejora de la calidad de vida.
ð Edificios públicos: escuelas, centros culturales, iglesias, cuarteles, comisarías, edificios de correos.
ð Respeto a lo existente (en general).
ð Degradación de edificios: el centro se modifica reduciendo el número de viviendas mientras se construyen los ensanches, pero hay gente que no puede permitirse el cambio. Se produce un fenómeno de filtrado: la gente no pudiente solo puede permitirse vivir en casas degradadas. Estas zonas se continúan degradando. Se produce una demanda insolvente de viviendas.
Las actuaciones en la periferia son más efectivas para la absorción del incremento de población. Características:
ð Regularidad: generalmente ortogonales.
ð Zonificación: aparecen zonas destinadas a distintos niveles de renta y, por lo tanto, de calidad.
ð Expulsión de la industria.
La característica fundamental de la ciudad post-liberal es la intervención del poder público:
ð Normativa: característica fundamental del urbanismo.
ð Planeamiento: también fundamental, se basa en la creación de un calendario para evitar el fenómeno de especulación urbanística (se espera para vender hasta que aumenta el precio del suelo, sin construir). Hasta que no aparece no se puede hablar de urbanismo moderno.
ð Dotación de servicios y obras verdes.
ð Preocupación por la vivienda obrera
ð Paliar el paro: la política urbanística se utiliza como política anticíclica (invertir en obras públicas en el ciclo bajo).
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Revolución Industrial
Características del Urbanismo en la Revolución Industrial
La Revolución Industrial comienza en 1760 en Inglaterra: posteriormente llega a Europa, llegando a España muy tarde. Además aparece un cambio político relevante, la Revolución Francesa. Estos factores modifican enormemente la ciudad. A parte de los políticos, aparecen unas circunstancias que dan lugar a un importante cambio urbanístico.
¨ Características socio-económicas de la época
1. Gracias a los avances en la medicina, las condiciones higiénicas y el incremento en la producción agrícola, desciende la mortalidad y por tanto aumenta la población.
2. Con la aparición de la máquina de vapor y del telar se modifican los medios de producción. Hay una disminución de los costes de producción, aparecen bienes y servicios, hay más trabajo y disminuyen los precios. La producción se incrementa.
3. La población se concentra en las ciudades, que es donde están las nuevas industrias. Hay una gran migración del campo a la ciudad. Manchester pasa de 12.000 a 400.000 ha . en 50 años.
4. Mejoras de los transportes. Aparece el ferrocarril. El desarrollo de los medios de transporte da lugar a una transformación profunda en la ciudad.
5. Dinamismo: la ciudad no había crecido apenas desde la Edad Media. Es ahora cuando el fenómeno del incremento de la población urbana (masificación) ocasiona problemas que perduran en la actualidad. El Estado no interviene en este proceso siguiendo las doctrinas liberales. En este caldo de cultivo es donde nace el urbanismo moderno con el fin de organizar la ciudad y hacerla un lugar digno para vivir.
6. Liberalismo económico. En esta época aparecen las ideas de Adam Smith, que propugnan que cualquier intervención del Estado en la economía es un fracaso. Este capitalismo salvaje lleva a buscar el máximo rendimiento a toda costa, creando un problema social grave que el Estado no ataja: población explotada por sueldos míseros. La clase obrera vive hacinada con condiciones miserables, es difícil subsistir.
Estas características convierten a la ciudad en un lugar miserable para vivir, las ciudades crecen desorbitada y desordenadamente. El Estado, siguiendo las doctrinas liberales, no interviene. En este contexto nace el urbanismo moderno, con el fin de hacer de las ciudades un sitio digno para vivir. En 1830 aparecen unos movimientos que aceleran el cambio: cuantitativos (estadística, demografía, sociología…) y cualitativos (utopistas y políticos). Los movimientos políticos pretender mejorar la situación de la clase obrera y por tanto su lugar de vida, la ciudad.
La situación se vuelve insostenible y obliga al Estado a intervenir. En 1848 aparece en Inglaterra la primera ley urbanística, la Public Health Act, con el fin de establecer unas condiciones higiénicas mínimas (no había agua corriente ni saneamiento, los vertederos estaban en el centro…). El Estado asume la construcción del espacio público y la ordenación del espacio privado. A esto se le denomina normativa y es una de las principales características del urbanismo moderno. A partir de 1850 aparece la ciudad post-liberal.
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